Ariel Sharon, el Rav Kaduri y el Mesías

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 | En muchos ambientes cristianos -principalmente evangélicos,independientes y judaizantes-, hay una gran expectativa a raíz de la muerte de Ariel Sharon. La razón es que se supone que hay una profecía de que, poco después de su muerte, será el regreso de Jesucristo. Y según esto, la profecía fue hecha por uno de los más grandes cabalistas del siglo XX, el Rav Itzjak Kaduri (Z”L’) un poco antes de morir.
Esta pintoresca (por no decir dominguera) idea se deriva de dos rumores: el primero, con suficiente sustento documental verificado por muchos discípulos del Rav, es que efectivamente su maestro llegó a afirmar que después de la muerte de Sharon se manifestaría el Mesías. El segundo, ficticio de pies a cabeza, es que el Rav habría dejado un pequeño escrito con el nombre del Mesías, con la instrucción de que sólo fuera dado a conocer un año después de su muerte. Según esto, el escrito es un acróstico con las palabras “él levantará al pueblo y confirmará que su palabra y su Torá permanecen”, cuyas iniciales en hebreo forman el nombre Yehoshúa. Esta última historia está ampliamente desmentida por los hijos y discípulos del Rav, y hasta la fecha yo no he encontrado un solo video o una sola fuente documental en donde aparezca alguien que se presente como testigo presencial de los hechos. Es decir, alguien que diga “yo vi el escrito del Rav…” o algo semejante. Siempre es un “dicen que…”. Rumores, chismes.
Dejemos de lado la fiebre apocalíptica de estos núcleos cristianos extremos, y concentrémonos en lo que nos interesa: lo que sí dijo el Rav.
Según los testimonios de sus propios discípulos, hay varios detalles del Rav en relación al tema del Mesías, y son bastante interesantes. El primero es que desde su juventud o infancia, varios cabalistas del entorno donde también el papá del Rav era rabino -el antiguo Irak, todavía bajo dominación otomana- anunciaron que este muchacho sería muy longevo y que vería personalmente al Mesías. Efectivamente, el Rav murió a una muy avanzada edad: por lo menos 106 años (algunos dicen que hasta 118; no se tiene un registro preciso de cuándo nació).
El segundo es que el propio Rav llegó a decir que ciertamente había “hablado con el Mesías”, y que este se manifestaría después de la muerte de Ariel Sharon.
Y el tercero es que agregó una serie de ideas poco convencionales respecto al Mesías: que iniciaría su oficio como Mesías sin saber que es el Mesías, que lo descubriría sobre la marcha, y que los judíos religiosos serían los que más se tardarían en aceptarlo; paradójicamente, los laicos serían los que lo seguirían primero.
¿Qué hay detrás de todo esto?
El error más tentador es querer darle una interpretación literal a lo dicho por el Rav. Recuérdese que fue un cabalista -y de los grandes-, y los místicos no suelen explicar las grandes cosas de manera literal. Tienen muy su estilo para hacerlo.
Naturalmente, no voy a proponer una “interpretación” de lo dicho por el Rav Kaduri. Tendría que ser cabalista o haber sido su discípulo para atreverme a ello, y no soy ni lo uno ni lo otro. Voy a limitarme a reflexionar sobre una serie de asuntos que me llaman la atención.
1. Nuestras expectativas mesiánicas: un universo versátil
Las expectativas mesiánicas cambian, porque la Historia cambia. No es lo mismo esperar al Mesías en una Rusia de pogroms, que esperarlo en Nueva York en la actualidad. Y no me refiero a que las ideas esenciales sobre el Mesías cambien, sino a que nuestra perspectiva existencial nunca es la misma.
Veámoslo desde otro ángulo: no es lo mismo esperar la “redención” cuando eres un próspero miembro de una próspera comunidad, que cuando todos los días vives con el miedo de que te puedan matar a ti o a tu mujer y tus hijos. No es lo mismo esperar la “redención”cuando tu preocupación en la mañana es que vas a hacer fila en el banco o en la tienda donde vas a adquirir nuevos gadgets para tu PC, que cuando tu preocupación en la mañana es qué le vas a dar de desayunar a tus hijos.
Por mucho que en ambas situaciones podamos repetir las mismas palabras para definir “redención”, la experiencia vital es distinta.
Comparemos ahora las expectativas mesiánicas del siglo I -la última etapa del Segundo Templo- y las de hace un siglo: mientras que en la antigüedad la expectativa era la manifestación de un líder eminentemente militar que derrotase y expulsase a los romanos de Judea, hace un siglo la expectativa era la manifestación de un líder que juntase a Israel de su exilio y lo guiase de nuevo a Eretz Israel.
Otra diferencia importante: en el siglo I las expectativas mesiánicas no incluían la restauración de los Kohanim, porque estos -junto con todas sus instituciones, como el Sanhedrín- seguían funcionando en el Bet Hamikdash. En cambio, después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 las expectativas mesiánicas tuvieron que incluir también la restauración de todas las instituciones relacionadas con la Casta Sacerdotal. En el siglo I no había exilio; hace cien años, el exilio estaba por entrar en su fase más angustiosa.
Entonces, diferenciemos entre las profecías bíblicas sobre el Reino Mesiánico, y las expectativas que nosotros nos hemos creado, resultado natural de nuestras propias vivencias en diferentes lugares, diferentes momentos, y diferentes circunstancias.
Cierto: esperamos -conforme a lo establecido en la Torá y los Profetas- que Israel sea restaurado en su propia tierra, con un liderazgo político y religioso legítimo, exitoso y sólido, y todo ello en un entorno de paz y justicia de impacto universal, no sólo local. Pero el modo o circunstancias en las que eso se vaya a cumplir siempre ha sido tema de debate, con opiniones disímiles y de lo más variado, por las razones que ya expuse: si la experiencia vital es distinta, es obvio que las expectativas también son distintas.
2. La longevidad del Rav Kaduri
No es un dato trivial la extrema longevidad del Rav, porque justamente pudo ver y vivir en carne propia una serie de transformaciones sociales y, con ello, una amplia gama de versiones de nuestras expectativas mesiánicas.
El Rav nació en Irak cuando todavía era provincia del Imperio Otomano. Por tanto, fue testigo de la desintegración del poder turco, la llegada del colonialismo inglés a la zona, el trance de la II Guerra Mundial y la Shoá, el renacimiento del Estado de Israel, y los conflictos con los árabes que le dieron forma a la situación actual.
En otras palabras, fue testigo presencial de cómo el pueblo judío dejó de ser una minoría apátrida y siempre al filo del riesgo, o incluso sometida al peor intento de exterminio, para convertirse en una nación sólida y fuerte, tanto política como militarmente. El Rav atestiguó como pasamos de la etapa en la que más riesgo tuvimos de ser exterminados, a la etapa en la que como pueblo hemos tenido más fuerza en la Historia.
Cuando el Rav declaró que el propio Mesías habría de comenzar su oficio sin saber que era el Mesías, me parece que fue muy preciso al señalar que estamos en una época en la que nuestras ideas clásicas sobre el tema deben ser sometidas a una buena revisión. ¿Por qué? Porque son el resultado de casi dos mil años de exilio, y en términos sociales e históricos, dicho exilio terminó.
Aclaro: yo sé que muchos grupos religiosos considerar que el exilio (Galut) continúa. No me estoy refiriendo al debate que se pueda dar sobre ese concepto religioso. Estoy hablando en términos estrictamente sociales e históricos: hay un país llamado Israel al que todo judío puede emigrar sin restricción, que ha logrado un nivel de desarrollo y prosperidad inusitado en un país con apenas 65 años, sometido siempre a condiciones de guerra, por no agregar que ha derrotado siempre y a todos sus enemigos. Es en ese sentido, exclusivamente, que digo que el exilio (entiéndase: la condición apátrida desde el punto de vista jurídico) terminó.
Al decir que el propio Mesías no sabría inicialmente que es el Mesías, el Rav puso un énfasis especial en un punto interesante: nosotros mismos no podríamos saberlo mejor. Por eso agregó que incluso los judíos religiosos serían los más reacios a reconocer al Mesías.
En otras palabras: hemos construido muchas expectativas, legítimas sin duda y lógicas si analizamos el contexto en el que se consolidaron, pero igualmente cierto es que no son un universo coherente. Las opiniones de un rabino pueden ser totalmente distintas a las de otro. No se diga si comparamos las opiniones de rabinos de diferentes épocas.
Lo que el Rav nos dio a entender implica algo importante: este, el del Mesías, es un tema donde todavía tendremos que hacer amplias reflexiones e incluso ajustes. No es un tema fácil.
Evidentemente, el Rav tuvo la lucidez para entender que en el contexto de un Estado de Israel consolidado como entidad política -independientemente de la aceptación o rechazo teológico que mantengan los grupos religiosos-, el contexto cambia por completo. No es lo mismo sentirse en el exilio y esperar la “verdadera redención” en Varsovia en 1942, que en Mea Shearim en 2014.
3. ¿Por qué Ariel Sharon?
El Rav dijo que después de la muerte de Sharon se manifestaría el Mesías. ¿Qué significa esto? ¿Que en los próximos días, semanas, meses o años veremos a un grupo de rabinos ultraortodoxos -barbas y shtreimelaj- ungiendo con aceite a una persona y declarándola rey de Israel? Podría ser, pero si son ultraortodoxos sefardim, es probable que un grupo de ultraortodoxos ashkenazim lleguen a proponer un mejor candidato. Y lo que es definitivo es que al ungido no lo van a dejar entrar a la Knesset para que empiece a gobernar de inmediato, e incluso lo más lógico es que la sociedad israelí complete rechace el proyecto de una monarquía dinástica en pleno año 5774 (o pleno siglo XXI).
Pero centrémonos en Sharon. ¿Qué tiene de especial su muerte? Sharon, mejor que nadie, representa la transformación radical del pueblo judío durante la segunda mitad del siglo XX.
Su figura es titánica, inmensa, omni-influyente. Si entre 1939 y 1945 el pueblo judío se vio en el momento más frágil de su milenaria Historia, Ariel Sharon vino a ser la representación del guerrero imbatible, del liderazgo avasallador, del estratega genial. Muchos han afirmado -y no parece que hayan exagerado- que el Estado de Israel existe gracias a Sharon, ya que sus maniobras fueron decisivas en dos guerras a su vez decisivas para la supervivencia de Israel: la de los Seis Días y la de Yom Kippur.
Entonces, como ninguna otra persona, Sharon representa el giro histórico que trajo cambios sustanciales en la condición existencial del pueblo judío (en Israel o en la Diáspora). En otras palabras, representa el momento parteaguas que nos lleva de una condición -con sus expectativas propias sobre el Mesías- a otra.
Es decir: de un modo u otro, el Rav Kaduri entendió que Sharon era la encarnación de un guerrero de dimensiones míticas, y que los acontecimientos que se desarrollaran durante su vida (1928-2014) habrían de traducirse en cambios radicales para el pueblo judío. Como consecuencia, entendió perfectamente que nuestras expectativas mesiánicas habrían de someterse a un lento -estas cosas siempre son lentas; no se resuelven organizando un congreso o un coloquio- pero seguro proceso de reflexión y redefinición.
Es curioso: el Rav nunca convocó a que los sabios de Israel se replantearan el tema. En realidad, ni siquiera es necesario: si algo saben hacer los sabios de Israel es replantearse todos los temas. Seguramente el Rav Kaduri sabía que sólo había que esperar, dejar fluir las cosas.
Estamos en la coyuntura perfecta para empezar a replantearnos muchos temas. Por ejemplo:
a) Hace un siglo, cuando Herzl le dio impulso al sionismo moderno -y con ello echó a andar el proceso que culminó con la refundación de Israel-, la idea de una monarquía era perfectamente razonable. Herzl mismo, como vienés, era súbdito de una monarquía establecida en el corazón de Europa. Por lo tanto, la idea tradicional de un Mesías Rey gobernando en Israel no era extraña ni inverosímil. Pero hoy las cosas han cambiado. Después de la II Guerra Mundial -y el colapso de las monarquías europeas- los paradigmas políticos han cambiado radicalmente. ¿Qué estamos esperando, entonces? ¿Un Mesías Rey que, literalmente, establezca una MONARQUÍA similar a la del Rey David, donde el poder se heredé por vía dinástica de padres a hijos? Seamos honestos: eso es algo imposible en la práctica. Entonces, ¿cuál es la esencia que permanece y las variables que se transforman en nuestra expectativa milenaria?
b) ¿Cuál es el papel político del Mesías? La expectativa de hace un siglo -la del Mesías Rey- daba por sentado que sería un gobernante en todo el sentido de la palabra. Hoy en día ya existe un gobierno en Israel, legitimado por procesos electorales conforme a los paradigmas políticos vigentes hoy en día y, sobre todo, vigentes entre nosotros. ¿Cuál sería la relación del Mesías con la Knesset, con Likud, Avodá, Israel Beiteinu, etcétera y etcétera? ¿Se podría lograr la integración de estas instituciones con las mesiánicas, o estamos hablando -literalmente- de un Estado paralelo? ¿O acaso el liderazgo del Mesías habría de reducirse sólo al aspecto religioso?
c) Por extensión, todo lo mencionado en el punto anterior se aplica al Gran Sanhedrín: según nuestras expectativas clásicas, su refundación es parte de la redención final de Israel. ¿Cuál va a ser la relación o coexistencia entre un Gran Sanhedrín y una Suprema Corte de Justicia que ya funciona? O dicho en su nivel más abstracto: ¿qué transformaciones concretas, políticas y jurídicas, esperamos para el caso de que realmente aparezca un sujeto al que los judíos identifiquemos y reconozcamos como “el Mesías”?
d) ¿Cómo se va a llevar a cabo la reestructuración de la autoridad religiosa? Tradicionalmente, no nada más esperamos la restauración del poder político representado por el Linaje de David, sino también la del poder religioso representado por los Kohanim. El detalle es que así como en lo político ya existe una estructura jurídica muy sólida que es el Estado de Israel, en lo religioso existe algo paralelo y con un muy buen funcionamiento que es el Rabinato. ¿Realmente es posible -práctico y funcional- reestructurar al Judaísmo actual a partir de una autoridad centralizada como la del Cohen Gadol? 
Dejemos de lado debates extremos como las implicaciones de reconstruir el Bet Hamikdash: los debates más complejos son los relacionados con cómo armonizar las estructuras mesiánicas propias de nuestras expectativas tradicionales, con las estructuras políticas, jurídicas y religiosas que hemos construido, consolidad e incluso perfeccionado durante casi dos mil años.
¿Unas tienen que sustituir a las otras? ¿Unas emanarán naturalmente de las otras? ¿Unas coexistirán con las otras?
El hecho de que el Rav Kaduri dijera que el Mesías tendría que descubrir sobre la marcha su propia identidad como Mesías, me sugiere poderosamente que entendió perfectamente que estábamos llegando al punto de los debates trascendentales.
Es lógico: el Judaísmo ha dado sus grandes pasos evolutivos en torno a sus grandes acontecimientos nacionales.
El primero y fundamental fue el Éxodo: dejar de ser un pueblo oprimido y convertirnos en un pueblo libre se tradujo en darle un significado diferente y mayor a todo. De esa época viene la Torá Escrita con todo lo que implica: la liturgia y ritual del Tabernáculo, la ética resumida en los Diez Mandamientos, o la recuperación de la circuncisión y el Shabat como bases de la identidad de Israel.
Luego, la destrucción del Primer Templo y el regreso del exilio en Babilonia (eventos separados apenas por medio siglo) significó la redefinición de nuestra identidad: fue cuando el término “israelita” pasó a ser una representación de lo antiguo, y se empezó a hablar de “judíos” y “judaísmo”. Fue también el lapso -cincuenta años sin sacrificios- en el que se profundizó en los significados espirituales de nuestras prácticas religiosas físicas, toda una revolución del pensamiento religioso.
Más aún: fue la etapa cuando redefinimos lo que entendemos por “escritura sagrada”, porque los babilonios destruyeron mucho de nuestro patrimonio escritural. Ezra y su generación fueron los responsables de recuperar, reorganizar y difundir las Escrituras nuevamente.
El siguiente parteaguas fue la Guerra Macabea, la primera vez que hubo un intento definido por destruir al Judaísmo como cultura. Al igual que con la invasión babilónica, nuestras Escrituras fueron destruidas por los sirios, aunque en esta ocasión se tuvo la ventaja de que las comunidades judías de Babilonia y Alejandría no se vieron afectadas, y gracias a ello nuestro patrimonio escrito se mantuvo ileso. Sin embargo, después de la guerra contra los sirios el Judaísmo se redefinió y aparecieron las sectas clásicas: Fariseos, Saduceos, Helenistas y Apocalípticos.
Naturalmente, el siguiente evento trascendental fue la derrota de la sublevación judía contra Roma, entre los años 66 y 135. La destrucción del Templo y la derrota de Bar Kojba fueron, fuera de toda duda, los eventos que más marcaron huella en el Judaísmo posterior. La Casta Sacerdotal se colapsó, y la autoridad espiritual se trasladó hacia los rabinos. Esta coyuntura es tan importante que significa el fin del Judaísmo Antiguo y el surgimiento del Judaísmo Rabínico.
No sé hasta qué punto seamos conscientes, pero la realidad es que la refundación del Estado de Israel es el siguiente gran evento que, de una de otra manera, nos tiene que redefinir. Más allá de que se esté de acuerdo o no con el sionismo por una cuestión religiosa, la pura existencia de Israel afecta, en muchos modos, a todos los judíos del mundo. Cambian las dinámicas, cambian las reglas, cambian las necesidades, cambian las expectativas.
Por lo tanto, las transformaciones en materia religiosa también van a ser inevitables, y las enigmáticas explicaciones del Rav Kaduri respecto al Mesías lo reflejan: ni él mismo como Mesías, ni los más religiosos, podrían darse cuenta en un principio que la expectativa mesiánica estaba lista.
En este punto hay que destacar algo: el Judaísmo Rabínico, en tanto estructura práctica y teórica a la vez, es uno de los logros más geniales en la Historia de las religiones. Garantizó la sobrevivencia del pueblo judío en las peores condiciones posibles, e incluso logró algo fuera de toda lógica social o antropológica: cuando se dio el cambio radical del entorno -perfectamente visualizable en el proceso que va de la Shoá a la refundación de Israel-, el Judaísmo Rabínico no cambió. No tuvo necesidad de hacer ajustes extremos. Simplemente, siguió funcionando, y eso significa que funciona, y que funciona muy bien.
Por eso se vuelve apremiante la incógnita: en el caso de la restauración de las instituciones mesiánicas, ¿cómo va a ser la coexistencia con las instituciones rabínicas, que son fruto de la experiencia del exilio?
A modo de conclusión, me limito a decir que las palabras del Rav Kaduri representan un reto monumental, una invitación a darnos cuenta que no estamos viviendo una época cualquiera.
Los grandes avances tecnológicos de las últimas décadas y la transformación radical de la condición existencial de los judíos, después de la refundación de Israel, nos han puesto ante una nueva etapa. Siguiendo con la pura inercia de nuestra Historia, creo que viene una época de mucha creatividad y reflexión en todo nivel. Y apenas si es lo correcto: nuestros guías espirituales ahora tienen que responder sobre bioética, genomas y diversidad social, en un nivel que hace cien años era ínfimo, o incluso ni siquiera existía. 
El tema del Mesías no es la excepción, y lo que el Rav Kaduri expresó demuestra que vivió lo suficiente, vio lo suficiente como para entender que las transformaciones externas habían sido muchas, y que era hora de las transformaciones internas también.
Tal vez al decir que el Mesías ya estaba entre nosotros sin darse cuenta (y sin darnos cuenta), estaba invitándonos a asumir que ya pasó la época de esperar el cumplimiento de la promesa de que llegaría la época en la que Israel se convertiría en una luz para las naciones. Y digo que “ya pasó” porque ya es posible. Está en nuestras manos.
En otro contexto, con otras palabras y bajo otros paradigmas para decir las cosas, el folio 98 del Tratado Sanedrín recopila una intensa discusión sobre el tema del Mesías, protagonizada por los sabios de esa, la época en la que apenas empezaba el exilio, y concluye con justo lo que toda esta reflexión me lleva a decir: ¿Cuándo vendrá el Mesías? Dice la Escritura: Hoy, si oyeres Su Voz.
Sharon murió, y la profecía del Rav Kaduri allí está: la Era Mesiánica está enfrente. Lo demás nos toca a nosotros lograrlo.

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Ariel Sharon, el Rav Kaduri y el Mesías Ariel Sharon, el Rav Kaduri y el Mesías Reviewed by Santiago JM on diciembre 08, 2015 Rating: 5

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“Venir a Cristo” es una frase muy común en la Santa Escritura. Se usa para describir esas acciones del alma por las que, abandonando de inmediato nuestros pecados y nuestra justicia propia, volamos hacia el Señor Jesucristo y recibimos Su justicia para revestirnos con ella y Su sangre para que sea nuestra expiación. Venir a Cristo, entonces, encierra el arrepentimiento, la negación de uno mismo y la fe en el Señor Jesucristo. Incluye en sí todas esas cosas que son el acompañamiento necesario de estos grandiosos estados del corazón, tales como la creencia en la verdad, la diligencia en la oración a Dios, la sumisión del alma a los mandamientos del evangelio de Dios y todas esas cosas que acompañan el amanecer de la salvación en el alma. Venir a Cristo es la única cosa esencial para la salvación de un pecador. Quien no viene a Cristo, haga lo que haga y crea lo que crea, está todavía en “hiel de amargura y en prisión de maldad.” Venir a Cristo es el primerísimo efecto de la regeneración. En el momento en que el alma es vivificada, de inmediato descubre su condición perdida, y se horroriza ante esa condición, busca refugio y creyendo que Cristo es el refugio adecuado, vuela hacia Él y descansa en Él