Oración para después de un Sismo

Una oración para #TemblorQuito



Amado Padre Celestial, en ocasiones como esta,
cuando nos damos cuenta de que el suelo bajo nuestros pies 
no está tan sólido como lo habíamos imaginado, suplicamos tu misericordia. 

Al ver lo que hemos construido derrumbarse alrededor de nosotros, 
sabemos bien lo pequeños que realmente somos 
en este frágil planeta al que llamamos nuestro hogar, 
siempre cambiante, siempre en movimiento. 
Sin embargo, nos has prometido que nunca nos olvidarás. 

No nos olvides ahora. 

Mucha gente tiene miedos hoy en día. 
Esperan en temor al próximo temblor. 
Escuchan los gritos de los lastimados en medio de los escombros. 
Vagan por las calles en estado de shock a causa de lo que ven. 
Y llenan el aire polvoriento con gritos de dolor y los nombres de los muertos desaparecidos. 

Confórtalos, Señor, en este desastre. 
Se su roca, cuando la tierra no deja de sacudirse, 
y refúgialos bajo tus alas, cuando sus casas ya no existan. 
Envuelve en tus brazos a los que murieron de repente este día. 
Consuela los corazones de los que lloran 
y alivia el dolor de los que están al borde de la muerte. 

Traspasa, también, nuestros corazones con tu compasión, 
Sacúdenos este día a actuar con presura, a dar cada día con generosidad, 
a trabajar siempre por la justicia , y orar sin cesar para aquellos sin esperanza. 

Y una vez que los temblores hayan cesado, 
las imágenes de destrucción hayan dejado de ser noticia, 
y nuestros pensamientos vuelvan a las preocupaciones de cada día, 
no olvidemos que somos todos tus hijos, 
y ellos, nuestros hermanos y hermanas. Todos obra de tus manos. 

Porque, aunque se muevan las montañas y se destruyan las colinas, 
tu amor nunca nos abandonará, y tu promesa de paz nunca cambiará. 
Nuestro auxilio está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra. 
Bendito sea el nombre del Señor Jesús, ahora y siempre. Amén. 

Leer el SALMO 91

Oración para después de un Sismo Oración para después de un Sismo Reviewed by Santiago JM on agosto 17, 2014 Rating: 5

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“Venir a Cristo” es una frase muy común en la Santa Escritura. Se usa para describir esas acciones del alma por las que, abandonando de inmediato nuestros pecados y nuestra justicia propia, volamos hacia el Señor Jesucristo y recibimos Su justicia para revestirnos con ella y Su sangre para que sea nuestra expiación. Venir a Cristo, entonces, encierra el arrepentimiento, la negación de uno mismo y la fe en el Señor Jesucristo. Incluye en sí todas esas cosas que son el acompañamiento necesario de estos grandiosos estados del corazón, tales como la creencia en la verdad, la diligencia en la oración a Dios, la sumisión del alma a los mandamientos del evangelio de Dios y todas esas cosas que acompañan el amanecer de la salvación en el alma. Venir a Cristo es la única cosa esencial para la salvación de un pecador. Quien no viene a Cristo, haga lo que haga y crea lo que crea, está todavía en “hiel de amargura y en prisión de maldad.” Venir a Cristo es el primerísimo efecto de la regeneración. En el momento en que el alma es vivificada, de inmediato descubre su condición perdida, y se horroriza ante esa condición, busca refugio y creyendo que Cristo es el refugio adecuado, vuela hacia Él y descansa en Él