La Biblia responde: ¿Qué significan las coronas prometidas?


 «He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona»(Apocalipsis 3:11).


                                                       El apóstol Pablo escribió: 
«Por lo demás, me está guardada la corona de justicia...» (2 Timoteo 4:8). Las recompensas prometidas 
en los cielos se representan a veces con una corona. En la cultura griega, una corona 
podía ser, o un tocado para adornar que se ponía un rey o una reina, o una corona que se llevaba puesta como símbolo de victoria.Antes de considerar el significado de la corona que se otorgaba a los ganadores, deberíamos tener un concepto claro de la naturaleza de las recompensas del cielo, pues somos propensos a 
compararlas con nuestro sistema terrenal de recompensas: igual paga por igual trabajo.

 Por tanto, la idea del mérito se halla implícita. Pero una corona celestial no es asunto de recompensas. En las recompensas celestiales, el mérito se excluye a propósito. La palabra de nuestro Señor a sus discípulos lo dice claramente:¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que  ara o apacienta ganado,  al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme 
hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque 
hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos (Lucas 17:7-10).
Las recompensas del cielo son todas asunto de la gracia de Dios. Son el reconocimiento generoso de Dios del servicio abnegado y sacrificado. G. Campbell Morgan llega a afirmar que el servicio a cambio de recompensa ¡no es cristiano sino todo lo contrario!  «Él [Cristo] se despojó a  sí mismo. Sirvió “por el  
gozo puesto delante de Él”. 

Sí, pero, ¿qué era ese gozo? El gozo de elevar a otros y bendecirlos»El hecho de que el obrero que fue contratado para trabajar a la hora undécima recibiera la misma paga que el que había trabajado todo 
el día subraya que la mayor parte del salario que recibió no fue ganado, sino que fue 
un generoso regalo del amo. 

Cuando uno de los obreros que trabajó tiempo completo acusó a su amo de injusto,  él contestó:
Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; mas quiero dar a este postrero, como  a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?  (Mateo 20:13-15).
No se nos dice precisamente qué forma tendrán las coronas en el cielo, pero la opinión de John MacArthur, hijo tiene muy buena base: «Las recompensas de los creyentes no son algo que uno se pone en la cabeza como una corona.... Su recompensa en el cielo será su capacidad de servicio en el cielo…. Las coronas del cielo son lo que experimentaremos, la vida eterna, el gozo eterno, el servicio eterno y  la eterna bendición» 

En el Nuevo Testamento hay dos palabras griegas que se traducen por «corona». Una es diadema, un 
turbante real que se ponían los reyes persas. Es siempre símbolo de dignidad real o imperial. Se refiere a la 
clase de corona que Jesús recibe. La otra palabra es stephanos, la corona del ganador, «símbolo de triunfo 
en los juegos olímpicos o en alguna competencia similar, por tanto por metonimia, una recompensa o premio» (Vine). Era una corona de hojas de parra, hermosamente entretejida. 

Esta es la palabra que se usa para referirse a las recompensas del cielo.Las coronas que  se mencionan en las Escrituras son:

1. La corona de vida. «Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que  Dios ha prometido a los  que le aman» (Santiago 
1:12). «...Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida» (Apocalipsis 2:10).Esta corona será  
otorgada por soportar y triunfar sobre la prueba  y la persecución hasta el punto del martirio. La motivación debe ser el  amor a Cristo.

2. La corona de  justicia. «Por lo demás,  me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en  aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los  que aman su venida»  (2 Timoteo 4:8).
Esta corona será otorgada a los que hayan terminado la carrera cristiana con integridad, con los ojos  fijos en el Señor que ha  de venir. Es la recompensa por cumplir el ministerio  que se nos ha confiado.

3. La corona incorruptible. Todo  aquel que lucha, de todo  se abstiene; y ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible»  (1 Corintios 9:25).Esta corona la llevan puesta aquellos que luchan por ser maestros, por la excelencia. La corona se otorga al disciplinado.

4. La corona de  gozo. «Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? 
¿No lo sois vosotros,  delante de nuestro Señor  Jesucristo, en su venida?»  (1 Tesalonicences 2:19).
Esta es la corona del  que gana almas. Será motivo de gozo cuando, en el cielo, encontremos a aquellos 
que han sido ganados para Cristo a través de nuestro ministerio. Esta corona  está disponible para todos 
los creyentes.

5. La corona de gloria. «Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por 
fuerza, sino voluntariamente; …Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona 
incorruptible de gloria»  (1 Pedro 5:2-4).Esta recompensa prometida a los líderes espirituales de la Iglesia 
debería ser una fuerte motivación para llevar  a cabo un ministerio  pastoral sacrificado.

Sin embargo, ninguna de estas coronas se otorga automáticamente. Hay algunos requisitos para obtenerlas, y es posible perder una corona por falta de vigilancia. En la carta a la iglesia de Filadelfia, el Señor resucitado advirtió a los creyentes: «He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona» (Apocalipsis 3:11). Esta es una advertencia contemporánea para nosotros también, que muchas veces estamos rodeados de cosas que compiten con nuestro  amor y nuestra lealtad.

Philip Doddrige escribió: Es la voz vivificante de Dios que te llama desde lo alto. Es su propia mano la que otorga el premio de tus aspiraciones. Es el premio que posee una gloria sin par, que tendrá un nuevo refulgor cuando las coronas del ganador y las gemas del monarca se conviertan en polvo común. Bendito Salvador, yo, introducido por Ti comencé mi carrera,  y coronado de victoria  a tus pies presentaré  mis honores.

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