Esta a punto de ser infiel a a su cónyuge?

Sobre toda  cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él  mana la vida.  
—Proverbios 4:23
 Si lo que nos lleva a tener una aventura amorosa es un corazón no guardado, la mejor defensa contra la misma es guardar nuestro corazón. Eso nos va a liberar para vivir sinceramente un romance de proporciones épicas. Pablo expresó esa manera de vivir sinceramente cuando escribió: Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte. Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia (Filipenses 1:20,21). Vivir sinceramente significa vivir redentoramente. Es empezar cada día con valor y con una espera entusiasta de lo que Dios hará en nosotros y por medio de nosotros debido a nuestra confianza de estar involucrados en la historia de amor más apasionada de todos los tiempos: la historia de la redención. Sin embargo, vivir sinceramente nos pone en contacto con nuestro dolor en este mundo y con la sed que tenemos del cielo. Pablo describió la inevitable tensión de vivir sinceramente como un gemido interior en un mundo doloroso del que no podemos escapar, al tiempo que esperamos anhelantes nuestro hogar eterno, el cual no podemos crear (Romanos 8:23). Oswald Chambers reconoció que la única manera de acallar nuestra exigencia del cielo ahora es abrazar sinceramente la vida con el conocimiento pleno de que «solamente hay un Ser que puede satisfacer el último abismo de dolor del corazón humano, y es el Señor Jesucristo».





El salmista lo expresó así: ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra (Salmo 73:25). Vivir sinceramente nos pone en contacto con nuestro dolor en este mundo y con la sed que tenemos del cielo. Cuando nuestros corazones están extasiados por el amor de nuestro Dios, que lo sacrificó todo por nosotros, la petición que nos hace de que amemos a los demás como Él nos ha amado se convierte en deleite y no en pura obligación. Su perfecto amor echa fuera nuestro temor de amar (1 Juan 4:11,18) y abre nuestros corazones a una vida de redención que puede triunfar sobre la traición que más daño hace al corazón: la infidelidad. Pocas cosas tienen más poder para seducir a los demás a vivir sinceramente que las historias de la obra redentora de Dios en las vidas de su pueblo. Nuestras historias de tragedia y triunfo, sufrimiento y celebración son partes pequeñas de la historia de Dios, que es más grande. De modo que es muy importante compartir nuestras historias para construir una comunidad de fe que recuerde cómo obró Dios en el pasado; de esperanza, que sueñe con lo que va a hacer en el futuro; y de amor, que se mueva con confianza y valor para redimir el presente del mal (Efesios 5:16). Comparta sus historias

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