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Jerusalem 1841/1844 (Fotos)

Jerusalem 1841/1844



El objetivo de Irán es dominar Oriente Medio


Los charlatanes llevan unos días pontificando y discutiendo sobre el denominado “acuerdo” nuclear con Irán, pero dejando totalmente de lado el reconocimiento del objetivo final del Gobierno iraní: convertirse en el hegemón regional. El programa de armas nucleares es simplemente un medio.

El mes pasado Alí Yuseni, exministro de Inteligencia y actualmente consejero del presidente Hasán Ruhaní, lo dejó perfectamente claro en una conferencia en Teherán:

Desde sus orígenes, Irán [siempre] ha tenido una [dimensión] global. Nació como un imperio.

Un acuerdo nuclear no es precisamente irrelevante, pero en el mejor de los casos es más un parche que una solución, y lo cierto es que todavía no se ha llegado a ese punto. Lo que tenemos es un “marco” para un acuerdo que se puede alcanzar o no, y ni siquiera está claro que Washington y Teherán coincidan en el contenido del referido marco. Así, EEUU dice que Irán ha aceptado dejar de usar centrifugadoras nucleares avanzadas, mientras que Teherán sostiene que “el trabajo con las centrifugadoras avanzadas debe continuar sobre la base de un plan a diez años”.

El Gobierno iraní es más patentemente deshonesto que el americano, por supuesto, y puede que esté tratando de salvar la cara ante su exhausta ciudadanía, pero Washington nunca ha estado ni estará por encima del revuelo político, y es muy posible –incluso probable– que cada parte esté interpretando muy distinta pero sinceramente el contenido de las conversaciones.

Buena parte de lo que se pontifica y discute entre los charlatanes es un tanto precipitado, pero al menos debería quedar clara una cosa: el Gobierno iraní es y seguirá siendo una fuerza perniciosa en la región, con independencia de cualquier acuerdo que se alcance. Incluso con uno bueno desde nuestro punto de vista, trocar una rápida expansión del programa nuclear por el alivio de las sanciones no es buen negocio.

En Washington, a mucha gente parece no preocuparle los objetivos últimos de Irán, sino sólo sus armas nucleares. En una entrevista con la NPR en diciembre, el presidente Barack Obamadijo que un acuerdo podría romper el aislamiento de Irán y permitir a Teherán convertirse en “una exitosa potencia regional”.

El caso es que Irán ya es una exitosa potencia regional. Lo ha sido de manera intermitente desde que el Imperio Persa gobernara gran parte del mundo antiguo, y durante miles de años ha sido más sofisticada cultural y políticamente hablando que la mayoría de Oriente Medio. La era actual, que empezó en 1979 con la instauración del régimen clerical revolucionario del ayatolá Jomeini, no es sino una incidencia pasajera en toda esta historia.

Pero todavía no la hemos superado. El anciano Guía Supremo Alí Jamenei saldrá pronto de escena. En cuanto al Consejo de Guardianes y la Guardia Revolucionaria, puede que emprendan una autorreforma, como han hecho los partidos comunistas vietnamita y chino, o quizás sean derrocados como lo fueron los regímenes satélites de la URSS en Europa del Este en 1989, pero todavía no hemos llegado ahí. Irán podría incluso convertirse en una potencia para bien, siempre y cuando tenga otro Gobierno o desmantele sus proxies en el Líbano, Gaza, Irak, etc.; pero por ahora Teherán está proyectando su poder sobre el mundo árabe de forma agresiva, con métodos totalmente perjudiciales para Occidente y para los árabes.

Tome distancia y contemple la región. Uno tras otro, los Estados de Oriente Medio se están convirtiendo en entes sectarios controlados por grupos armados. Como dice el analista Jonathan Spyer, Irak, Siria, Libia, el Líbano y el Yemen están viviendo en ”tiempos de milicias”, muchas de las cuales son organizaciones terroristas internacionales.

Irán respalda grupos armados en cuatro de esos cinco países: Hezbolá en el Líbano y Siria, las incontroladas milicias chiíes en Irak y los rebeldes huzis en el Yemen. La única razón por la que no está en Libia es porque ahí no hay comunidades chiíes sobre las que apoyarse.

Por ahora, el proyecto más eficaz de Teherán es Hezbolá, que ha dominado el Líbano durante décadas y está expandiendo su radio de operaciones a Siria. Sus socios iraquíes hanquemado y saqueadoTikrit, ciudad natal de Sadam Husein, y los huzis del Yemen van bien encaminados a la conquista de Adén, una de las mayores ciudades del país, después de haberse hecho con el control de la capital, Saná, hace un par de meses.

Se podría aducir que la influencia de Irán no es del todo negativa, ya que sus satélites se están enfrentando al ISIS en Siria e Irak, pero el ISIS no habría adquirido tanta fuerza si no hubiera sido por los estragos causados por Bashar al Asad y Nuri al Maliki, ambos feudatarios de Irán. Por otro lado, el mayor patrocinador estatal del terrorismo internacional es el último país al que deberíamos querer como barrera entre nosotros y las organizaciones terroristas internacionales.

La capacidad de Irán para perturbar Oriente Medio es incomparable con la de cualquier otro Estado de la zona, pero no podrá conquistar y gobernar toda región ni siquiera pertrechado con armas nucleares. Puede, de todos modos, fomentar la fragmentación, el caos, el terrorismo y la guerra, y continuará haciéndolo tanto si su Gobierno firma un acuerdo con EEUU o no. Un acuerdo que permita a Irán hacerse más fuerte mediante el alivio de las sanciones y no tenga en cuenta todo esto casi seguro hará de Oriente Medio un lugar aún peor de lo que es.

Fuente: elmedio

EL SEÑOR ES CAPAZ



Jesús nos dice: "Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios" (Lucas 18:27). ¿Crees tú en esta palabra del Señor? ¿Aceptas que Él puede hacer algo que es imposible en tu matrimonio, en tu familia, en tu trabajo o para tu futuro? 

Somos muy prontos para aconsejar a otros que Él puede obrar lo imposible. Cuando vemos a nuestros seres queridos atravesando tiempos difíciles, les decimos: "¡Persevera y mira hacia arriba! El Señor es capaz, no dejes de confiar en Él. Él es el Dios de lo imposible". Pero, ¿creemos nosotros mismos estas verdades? me pregunto.

¿No se ve la visitación de Dios en nuestras reuniones?


Permítanme hacer una declaración audaz: el cristianismo no es una religión donde predomine la enseñanza. En la actualidad nos ha invadido prácticamente el culto al orador. La persona que pueda ponerse de pie y exponer doctrina correcta se percibe como esencial; sin un talento tal la iglesia no sabría qué hacer. La iglesia norteamericana ha convertido el sermón en la pieza central de la reunión, en lugar de que lo sea el trono de la gracia, donde Dios actúa en la vida de las personas.

La fe judía en tiempos de Jesús estaba dominada por rabinos, los maestros de la ley. Su doctrina era sólida. Jesús les dijo: “Escudriñad las Escrituras porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida" (Juan 5:39-40, énfasis del autor). Ellos conocían muy bien la palabra escrita de Dios, pero no la palabra viviente, a pesar de que Jesús estaba de pie frente a ellos.

Las Escrituras no son tanto una meta, sino una flecha que nos dirige al Cristo que cambia vidas.

Por desgracia, los rabinos nunca se dieron cuenta de quien estaba en medio de ellos. En los últimos días antes de su crucifixión, Jesús lloró por la ciudad y dijo: “No conociste el tiempo de tu visitación” (Lucas 19:44).

Está bien explicar acerca de Dios, pero hoy en día son muy pocas las personas que están experimentando al Cristo viviente en sus vidas. No se ve la visitación de Dios en nuestras reuniones. No estamos a la expectativa de ver su mano extendida.

Se puede decir que la enseñanza de la sana doctrina sirve de preludio a lo sobrenatural. También es una guía, un conjunto de límites para mantener la emoción y exuberancia dentro de los canales apropiados.

Pero como dice Pablo: “La letra mata, mas el Espíritu vivifica” (2 Corintios 3:6). Si no se da lugar al Espíritu Santo entre nosotros, si Su obra no es bienvenida, si tenemos miedo de lo que Él podría hacer, no nos queda otra alternativa más que la muerte.

¿Confiarás ahora que el Señor te dará abrigo, alimento y vestido?


¡Cabello! Cada cabello sobre nuestra cabeza está contado por nuestro Padre en el cielo. Entre 100,000 y 150,000 cabellos cubren la cabeza humana. Dios creó el cabello sobre nuestras cabezas como aislante durante el verano e invierno, no sólo por la apariencia. Nuestras cejas evitan que el sudor caiga en nuestros ojos y las pestañas protegen nuestros párpados cuando el polvo o pequeños insectos se acercan demasiado. Los delicados vellos en los oídos y nariz filtran las partículas presentes en el aire.

Si pudiéramos conocer cuán asombrosa creación es un cabello, cuán lleno de vida, nunca dudaríamos que Dios cuenta lo que Él ha creado.

Con razón, David dijo: "Formidables, maravillosas son tus obras...Y mi alma lo sabe muy bien" (Salmos 139:14).

En Mateo 10:28-33, Jesús estaba enseñando a los discípulos a no temer. Él creó a cada pajarillo, formó cada cuerpo humano y contó cada cabello. "Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra...todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten" (Colosenses 1:16-17). Aun así, los discípulos no lo entendían. ¡Oh, cuánto debe haber anhelado Jesús, el poder llevarlos a dichas complejidades de cómo creó Él las alas y los huesos de los pajarillos y cómo diseñó el cabello! Ningún carpintero común podría haber descifrado todo esto, ¡ya que era tan formidable y maravilloso!

Él pudo haber dicho: "¿Qué pasaría si te dijera que hay 127,550 cabellos sobre tu cabeza? Ahora bien, ya que sabes que tengo contado cada cabello sobre tu cabeza, ¿no confiarás en mí para cada detalle de tu vida? ¿No creerás que Yo conozco cada paso que tú das?"

"Ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre" (ver Mateo 10:29). Sabiendo esto, ¿estarás "preocupado por nada"? ¿Confiarás, ahora sí, en que Él se encargará de todas tus necesidades? ¿Dejaras de afanarte por lo que comerás o beberás? ¿Creerás ahora que tu Padre celestial sabe lo que necesitas y te lo proveerá alegremente? ¿Confiarás ahora que el Señor te dará abrigo, alimento y vestido?

¿Alguna vez has sentido que falta algo en tus oraciones?


¿Alguna vez has sentido que falta algo en tus oraciones, que de alguna manera no son tan profundas o tan eficaces como deberían ser? Después de todo, hay una gran diferencia entre la oración que es impulsada por el esfuerzo humano y la oración que es divina y que verdaderamente echa mano de Dios. Por ejemplo, considera la oración del famoso reformador escocés John Knox, que estaba de pie en una montaña y clamó: “¡Dios, dame Escocia o me muero!”. Poco tiempo después, la gente comenzó a salir a las calles bajo la convicción de Dios.

¡Yo quiero orar ese tipo de oración! Quiero algo que vaya más allá de sencillamente ir a la presencia de Dios todos los días con una lista: Dios, bendice mi casa, bendice mis finanzas, bendice a mi madre, bendice a mi padre y bendice a mis hijos. ¡Quiero orar las oraciones que harán que los hombres se muevan hacia Dios; oraciones que traerán a la Iglesia de Jesucristo de vuelta a la vida! Quiero el tipo de oración que Dios instruyó a Ezequiel a orar: “Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán” (Ezequiel 37:9). ¡Ese es el tipo de oraciones que yo quiero orar!

Vemos en las Escrituras que los propios discípulos de Jesús tenían un anhelo similar. Un día, mientras Jesús estaba orando, sus corazones fueron movidos. “Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos” (Lucas 11:1).

Ten en cuenta que los discípulos no eran ajenos a la oración. Habían visto a Jesús orar y multiplicar milagrosamente los panes y los peces. Algunos incluso estaban con Jesús mientras oraba en una montaña y vieron su rostro completamente transfigurado. Sin duda alguna, los propios discípulos oraban también ya que personalmente caminaban con Jesús. Sin embargo, esta vez vieron a Jesús entrar en un determinado lugar para orar, y llegaron a la conclusión de que todavía les faltaba entender algo acerca de la oración. Me imagino a los discípulos reunirse y darse codazos entre sí: “¡Pregúntale!”, “¡No, pregúntale tu!”. Había algo en la oración de Jesús que hizo evidente que la oración era mucho más profunda de lo que habían experimentado hasta ese momento.

“¡Señor, enséñanos a orar!”, uno de sus discípulos, finalmente, imploró. Así que Jesús comenzó a enseñarles, diciendo:

“Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.” (Lucas 11:2-4)

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